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Ahí estaba en esa habitación de hotel, sola, insensible y feliz.
Rememoró la noche pasada. Recapituló paso a paso todo lo acaecido. Se recordó vistiéndose para la ocasión.Cómo escogió a conciencia el conjunto de ropa interior más seductor y sugestivo.
Cómo con parsimonia subió sus medias del liguero.
Cómo se maquilló y dibujó sus labios carnosos de rojo pasión.
Cómo llegó a O´Donoghue´s y pidió un Knockando sólo con hielo.
Cómo lanzó una vista general a los hombres que estaban en el local para observar cuál de todos ellos le lanzaría una mirada lasciva.
Ahí estaba cual loba buscando y oliendo a su presa.
Recordaba cómo se cruzaron sus miradas y cómo se acercó a él con movimientos sensuales de caderas, con cigarillo en mano y sus palabras sexuales al oído de aquel hombre.
Cómo salieron de camina a la casa de él, y como empezó el juego de seducción. Se quitó el pañuelo que tenía alrededor del cuello y de cómo lo ató entre susurros ardientes a la cama.
Recordó con una sonrisa en los labios las palabras inocentes del hombre que le pidío que se descalzara de las botas a lo que ella respondió que con ellas puestas la situación se hacía más morbosa, y como lentamente bajó hacía sus genitales con el propósito de realizarle una felación.
De cómo lo miró y vió que sus ojos estaban cerrados y gimiendo de puro placer.
De cómo lentamente se abrió la cremallera de una de sus botas y extrajo de ella una navaja, y aprovechando el éxtasis del hombre se las clavó en sus genitales.
Sangre, sangre, sangre, su boca sabía a sangre, la habitación olía a sangre. Así delante de ese cuerpo ensangrentado, escupió y sentenció:
Hombre: ¿Por qué me robaste la inocencia?